Pero después de 10 minutos, superé mi timidez, digamos... los chicos noruegos. Dos de ellos hablaban italiano, uno de ellos estaba buenísimo. Empezamos a charlar y a tomar cervezas. Él llevaba tres años estudiando en Bolonia, y digamos que más que estudiar, apreciaba mucho a las mujeres italianas.