La noche de la fiesta, todo salió mejor de lo que había imaginado. Los invitados, salvo tres hombres bien dotados y musculosos de cuarenta y tantos años, eran todos muy maduros, pero sus cuerpos, a pesar de sus imperfecciones, nos excitaban muchísimo. El contraste entre los cuerpos maduros de los hombres y sus grandes y duros penes era casi tan excitante como esas mujeres, cuyos cuerpos curvilíneos eran la personificación de la feminidad. Traseros altos, traseros planos, grandes y celulitis, o esbeltos y firmes... los deseaba a todos. Sus grandes pechos se balanceaban seductoramente con cada paso que daban, y su mirada prometía placer. Muchos de ellos volverían en unos días para acompañar a sus nietos al colegio, y ningún hombre volvería a mirarlos y desearlos como yo y otros lo hacíamos. Salí de esa fiesta completamente agotada, con el culo estirado por esos hombres drogados con Cialis y Viagra. Por su parte, Fabiola pudo observar no solo su virilidad, sino también su sed de sus abundantes fluidos vaginales, un verdadero destilado de placer que ya no podían disfrutar con sus mujeres debido a la menopausia.