En la playa, es común ver chicas siempre juntas con una amiga de la que nunca se separan. Son chicas que sienten el fuego del deseo dentro de sí y les asusta, al igual que les asustan los chicos que, con sus bañadores provocativos, intentan constantemente ligar con ellas. En pareja, se sienten más fuertes, y con sus lenguas afiladas y risitas, consiguen mantener a raya a sus compañeros, impulsados por las hormonas. Pero el socorrista maduro, que ha pasado toda su vida en la playa, reconoce a primera vista a aquellas que están más ansiosas que asustadas, y les ofrece la oportunidad de descubrir los placeres del sexo. Sabe que al ofrecerles la posibilidad de vivir su primera experiencia en pareja, su miedo se reducirá a la mitad, y que ver a su mejor amiga hacer lo mismo que ella hará que todo parezca natural. Quién sabe cuántas bocas inexpertas le ha chupado la polla y cuántas vaginas vírgenes ha saboreado. Sé que la envidia es un pecado, pero no puedo evitar envidiar a ese hombre...