«Define qué es un dominante». Mis maravillosos y tradicionales amigos respondieron casi al instante: «Guía». «Protege». «Asume la responsabilidad». «Crea seguridad». «Domina». (Una contribución revolucionaria a la discusión). Entonces pregunté: «Vale... ¿y qué es la sumisión?». Silencio. Me miraron... como se miran las instrucciones de IKEA. No porque nadie tuviera una respuesta, sino porque de repente todos se dieron cuenta de que tenían una diferente. Yo incluida. Dos sumisos pueden hacer exactamente lo mismo. Dos sumisos pueden tener el mismo aspecto. Arrodillarse. Llevar un collar. Seguir la misma orden. Y sin embargo... Uno encuentra confianza. Otro encuentra deseo. Otro encuentra paz. Otro encuentra devoción. Otro encuentra libertad. Quizás porque la sumisión no empieza con el comportamiento. Empieza con la experiencia interna. Y por eso cada definición de sumisión acaba convirtiéndose en una autobiografía. Así que déjenme preguntar: no «¿Qué es la sumisión?», sino «¿Qué se siente?».