Disfruto al máximo de sus hazañas, me atrevo a ir más allá metiendo un dedo en el culo aún dolorido de mi esposa y, al mismo tiempo, acariciando los duros testículos de mi compañero con el dorso de mi mano. Ella me dice: "...ten cuidado, cornudo, todavía duele...", mientras él se burla de mí diciéndole a mi esposa: "...tu cornudo está acariciando mis testículos...", y ella responde: "...déjalo que lo haga, le gusta...". Sí, lo admito, me gusta mi participación, los siento a ambos "míos".