Como ya mencioné, durante mucho tiempo me aislé de los espacios públicos y privados para centrarme en algo que merecía prioridad, pero sabía que el tiempo pasaría inevitablemente y volvería a disfrutar plenamente de los placeres de la vida y el sexo (¡aunque 90 grados es precioso!). Mi marido, por otro lado, que durante este tiempo ha mantenido sus hábitos indulgentes solo, ahora se resiste un poco a que me abra... ya veremos si cede.