Hace algún tiempo, mientras p 
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ESPANA

Description: Hace algún tiempo, mientras paseaba con Fabiola, conocí a Noemi, mi profesora de inglés de la secundaria, que ahora ronda los sesenta y tantos. A pesar de no ser una belleza, todos estábamos prendados de Noemi, cuya sensualidad y generosos pechos volvían locos a todos los chicos de la clase. Con la llegada del buen tiempo, la cosa se puso explosiva porque, al sentarse, sus faldas cortas se le subían y la visión de sus muslos blancos nos hacía babear a todos. Algunos afirmaban haber visto sus bragas y su pelo, pero eso es leyenda del colegio, y yo personalmente nunca había tenido esa suerte, a pesar de mi experiencia como voyeur. Ya había conocido a Noemi antes, pero nunca habíamos pasado de un saludo cordial. Sin embargo, cuando me vio con Fabiola, se detuvo a charlar con nosotros. Tras mis experiencias con mis compañeros mayores, me di cuenta de que estaba viendo a Noemi con otros ojos, y que lo que parecía imposible en el colegio quizás no lo era. Cuando supe que vivía sola, me atreví a decirle a Fabiola que era la profesora de secundaria de la que me había enamorado. Estas palabras incomodaron un poco a Noemi, pero sonrió y dijo que, por suerte, esas son cosas de adolescentes que pasan rápido. En ese momento, Fabiola, que había descubierto mi juego, sonrió y le dijo que no subestimara los enamoramientos de los estudiantes, porque a veces, como en mi caso, perduran durante años y nunca desaparecen del todo. Luego, con su expresión sincera e inocente y una sonrisa deslumbrante, Fabiola añadió que casi con toda seguridad ella era la responsable de mi miopía. Estas últimas palabras hicieron que Noemi se sonrojara y sonriera, avergonzada. Concluimos ese breve encuentro contándole nuestras historias y preguntándole en qué escuela daba clases ahora, tras lo cual nos despedimos. Noemi le tendió la mano a Fabiola, quien, para su sorpresa, se acercó y la saludó cariñosamente con dos besos en la mejilla. Cuando me tocó saludarla, hice lo mismo, pero a diferencia de Fabiola, al pasar de una mejilla a la otra, mis labios rozaron los suyos. Sentir el cuerpo de aquella mujer de sesenta años vibrar al contacto de sus labios me excitó y me hizo desearla con ardor. Nos miramos a los ojos, y creo que no me equivoco al decir que ella también disfrutó de aquel contacto inocente.
Hace algún tiempo, mientras paseaba con Fabiola, conocí a Noemi, mi profesora de inglés de la secundaria, que ahora ronda los sesenta y tantos. A pesar de no ser una belleza, todos estábamos prendados de Noemi, cuya sensualidad y generosos pechos volvían locos a todos los chicos de la clase. Con la llegada del buen tiempo, la cosa se puso explosiva porque, al sentarse, sus faldas cortas se le subían y la visión de sus muslos blancos nos hacía babear a todos. Algunos afirmaban haber visto sus bragas y su pelo, pero eso es leyenda del colegio, y yo personalmente nunca había tenido esa suerte, a pesar de mi experiencia como voyeur. Ya había conocido a Noemi antes, pero nunca habíamos pasado de un saludo cordial. Sin embargo, cuando me vio con Fabiola, se detuvo a charlar con nosotros. Tras mis experiencias con mis compañeros mayores, me di cuenta de que estaba viendo a Noemi con otros ojos, y que lo que parecía imposible en el colegio quizás no lo era. Cuando supe que vivía sola, me atreví a decirle a Fabiola que era la profesora de secundaria de la que me había enamorado. Estas palabras incomodaron un poco a Noemi, pero sonrió y dijo que, por suerte, esas son cosas de adolescentes que pasan rápido. En ese momento, Fabiola, que había descubierto mi juego, sonrió y le dijo que no subestimara los enamoramientos de los estudiantes, porque a veces, como en mi caso, perduran durante años y nunca desaparecen del todo. Luego, con su expresión sincera e inocente y una sonrisa deslumbrante, Fabiola añadió que casi con toda seguridad ella era la responsable de mi miopía. Estas últimas palabras hicieron que Noemi se sonrojara y sonriera, avergonzada. Concluimos ese breve encuentro contándole nuestras historias y preguntándole en qué escuela daba clases ahora, tras lo cual nos despedimos. Noemi le tendió la mano a Fabiola, quien, para su sorpresa, se acercó y la saludó cariñosamente con dos besos en la mejilla. Cuando me tocó saludarla, hice lo mismo, pero a diferencia de Fabiola, al pasar de una mejilla a la otra, mis labios rozaron los suyos. Sentir el cuerpo de aquella mujer de sesenta años vibrar al contacto de sus labios me excitó y me hizo desearla con ardor. Nos miramos a los ojos, y creo que no me equivoco al decir que ella también disfrutó de aquel contacto inocente.

Fecha: 01-07-2026 12:55:00
FabiolaeRoby

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Mi ricordi la mia insegnante di tecnica , e di Italiano....donne sempre in minigonna e autoreggenti....camicetta sempre aperta....mi facevo interrogare anche se non sapevo nulla , solo x poterle guardare le cosce in autoreggenti...mmmm.... che meraviglia...grazie x questi ricordi.....kissssss... se interessa il mio t.l.g è mirkolistico....


mauro77
01-07-2026 20:09:17