A medida que una hija crece, su relación con su madre cambia por completo y comienza a tratarla como a una mujer, una amiga. Sus confidencias mutuas se volvieron cada vez más íntimas y se desarrolló una comprensión total entre ellas. Su madre dejó de decirle todo lo que no debía hacer y comenzó a explicarle cómo hacer las cosas mejor para evitar problemas y disfrutar plenamente de su juventud. En esos momentos íntimos, mi hermana aprendió muchas cosas sobre nuestros padres y le reveló a mi madre no solo sus secretos, sino también, sin que yo lo supiera, los míos.