En los pensamientos prohibidos no hay límites. No hay barreras. No hay pudor ni vergüenza. Hay miradas intensas y ardientes, hay manos que recorren el cuerpo por pliegues, curvas, recovecos o pasajes inaccesibles para otros. Hay deseo y anhelo indecente, hay placer pecaminoso, pasión lujuriosa. Y nada de esto debe reprimirse.