Creía que solo mi hermana había tenido encuentros con hombres mayores, pero las confesiones de Fabiola me hicieron darme cuenta de que muchas chicas jóvenes habían tenido relaciones con parientes y amigos de la familia mayores y pervertidos. El primero fue un vecino al que le encantaba besarla y lamerla por todas partes, especialmente el trasero. Nunca le pidió que le correspondiera y solo en un par de ocasiones le permitió tocarle el pene. Su objetivo era complacerla, y siempre lo conseguía.