Cuando Fabiola me presionó para que hiciera videollamadas con otros hombres ese día, vestida solo con su ropa interior, pensé que era una de sus fantasías, no una trampa. Al darme cuenta de que mi suegra me estaba filmando desde fuera de la puerta, inmortalizando mi lado más íntimo, se me heló la sangre. Me quedé allí en silencio mientras Fabiola y su madre, riendo, entraban en el salón para comentar mi momento tan embarazoso.