A veces, cuando mi padre se iba de viaje de negocios, mi hermana invitaba a su amiga Silvia a pasar la noche en casa. Como mi hermana y yo compartíamos habitación, yo dormía con mi madre en esas ocasiones, y Silvia dormía en mi cama. Fue en una de esas ocasiones que, espiando como suelo hacer, vi a mi hermana y a Silvia duchándose juntas, y les aseguro que fue una escena inolvidable. Verlas desnudas, enjabonándose mutuamente (incluso en zonas muy íntimas), me hizo darme cuenta de que, además de su pasión por el sexo, estas dos no tenían reparos en tener un encuentro lésbico muy discreto. Saber que ellas también tenían deseos bisexuales me hizo sentir menos "rara" y me dio el valor para aceptar mis propios deseos.