Fabiana fue la primera chica que me habló con honestidad y franqueza, y sus palabras me hirieron profundamente. Era sencilla, pero con unos pechos muy grandes para su edad, y desde el primer beso que le di, sentí un volcán de pasión dentro de ella, a punto de explotar. Su lengua exploró mi boca con tanta pasión que mi pene se puso duro al instante, y me vi arrastrado por un torbellino de sensaciones. Ella tomó la iniciativa, y del beso al sexo oral, solo pasaron unos días, y después de menos de un mes juntos, empezamos a follar. Estaba feliz y enamorado, y justo cuando pensé que por fin había encontrado a la chica adecuada para mí, llegó la ducha fría. Una tarde, me dijo casualmente que había conocido a otro chico y que me dejaba por él porque podía disfrutar con él y no conmigo. Me dijo sin rodeos que mi pene era pequeño y que no duraba lo suficiente, mientras que él estaba muy bien dotado y podía durar mucho tiempo. Pero lo que más me dolió fue cuando me dijo que él era demasiado "masculino" mientras que yo era demasiado delicada y femenina, y para respaldar su argumento, citó comentarios sobre mi cuerpo que habían hecho algunos amigos. Entonces descubrí que, sin que yo lo supiera, se estaban haciendo bromas sobre mi trasero en el grupo, e incluso alguien había dicho en broma que con gusto se acostaría conmigo. Salí de la experiencia con Fabiana con la autoestima completamente destrozada y mucha confusión.