Silvia y yo éramos vecinos y crecimos juntos, y ella fue mi primera novia. Su padre siempre fue muy estricto y no le permitía salir con casi ningún chico, y para ella, yo era la única alternativa a la soledad. Su padre me conocía de toda la vida y no tenía ningún problema con que pasáramos tiempo juntos, quizás también porque no me consideraba un "hombre" peligroso. De hecho, de niños, ella y mi hermana solían jugar a juegos "de niñas", y esto, sumado a mi aspecto poco masculino, le ayudaba a dormir tranquilo. Silvia y yo éramos muy tímidos e inexpertos, y por eso, nuestras relaciones "íntimas" nunca fueron más allá de unos cuantos besos y caricias. Pensé que a ella no le importaba, pero cuando un día la vi besándose con un chico mayor, me di cuenta de que no era así.