Un amo puede ser impetuoso en sus maneras, un cretino, un canalla e impaciente en su deseo. Puede ser decisivo en su tacto. Pero su impetuosidad es caos. Es una intensidad que sabe dónde detenerse. Es una fuerza que conoce el límite y lo respeta. La esclava no teme su energía abrumadora, porque detrás de ese ímpetu hay un control verdadero. Hay atención. Hay un consentimiento que quema pero no duele. Puede sujetarla con firmeza, puede hablarle con voz baja y firme, puede guiarla sin dudar. Pero es precisamente porque sabe ser fuerte que ella se deja llevar. La impetuosidad se convierte en pasión. La firmeza en protección. El mandato en placer. En esa intensidad casi salvaje, ella no se siente abrumada. Se siente deseada. Mi. escritura.... Foto de la web