Luego llegó el momento culminante de la noche... Dos ancianos, que no eran italianos, me invitaron a sentarme en una mesa... Mi marido a veces es un poco excesivo... Quería que abriera las piernas y las exhibiera bien... Corrimos un poco de riesgo; a los dos ancianos se les ocurrieron algunas ideas, pero también a los demás que pasaban por allí.