Mi dulce criatura, siempre eres así: te encanta ser el centro, sentir mis manos buscándote, encontrando tus caderas y guiándolas, abriéndote a la emoción de la anticipación. Te gusta cuando te llamo por ese nombre que te hace temblar por dentro, y tu espalda se arquea obedientemente, ofreciéndote sin necesidad de órdenes. Te gusta sentir la mía, toda mía, en el silencioso juego del control, mientras mi boca se detiene en tu cuello, mi respiración domina la tuya. Mis dedos marcan el ritmo y tú respondes, aprietas, te entregas a un placer perversamente sublime.