Estaba furiosa con Eugenio… Casi me enamoré, le entregué mi trasero en mi cama matrimonial y luego, durante 10 días, silencio… ya no respondía a mis mensajes… Me prometí a mí misma que estaría furiosa… Pero me ofreció una cerveza, la bebimos durante cinco minutos y entonces ya no tuve más defensas, me puso las manos encima, bailando, y yo ya era un río desbordado.