Se aparta de mí y me besa, introduciendo su cálida lengua en mi boca para que saboree mi propio pene. Luego mira a su amigo con una sonrisa cómplice y traviesa, mostrándole cómo he recibido ese gesto sin inmutarme. Aunque es la primera vez que conoce a otro hombre, su naturalidad transforma ese beso en un anticipo de los juegos que están por venir: en nuestro próximo encuentro, compartirá conmigo, con su boca, el sabor del hombre que ahora nos mira con excitación.