Se lo mete en la boca, ignorando mis quejas. Estamos frente al club y son solo las 7 de la tarde, pero responde: "Me da igual, quiero disfrutar de esta polla enorme, no seas un incordio, imbécil". Lo miro a la cara, con una sonrisa arrogante, como si dijera: "¿Qué clase de felpudo eres?".