Ella está cada vez más extática. Entre gemidos y jadeos cada vez más fuertes, volviéndose hacia su marido, exclama en voz alta: “¡Mira qué bien me folla, mira, sólo puedes aprender!!!” Ante estas palabras, espontáneamente muestro el elocuente... ?? con ambas manos y repito en tono firme: “¡¡¡Aprende, cornudo!!!”