Una velada de aperitivo donde mi espíritu cornudo, tal vez porque lo habían provocado lo suficiente, concedió un beso en el pene de un cómplice de 35 años. La situación se descontroló y la masturbación tuvo lugar en el dormitorio, con eyaculación en el parqué. Foto de recuerdo tomada antes (luego se suponía que íbamos a ir al baño, pero los cerdos decidieron por su cuenta).