Con lascivia, baja lentamente los hombros sobre la cama, dejando que cada instante se vuelva más intenso. Contiene la respiración, consciente de que la observan. En sus ojos, esa chispa que transforma la simple curiosidad en deseo. Saborea el momento y sonríe: la transgresión, incluso antes de experimentarla, ya está presente en la espera de verla domada y disfrutando.